La historia es conocida, pero recordarla no deja de causar escozor. Hace 20 años, el mundo asistía estupefacto a la televisación en vivo del más espectacular atentado terrorista de la historia. 2973 personas murieron producto de un golpe maestro del terrorismo islámico, tan atroz y siniestro en sus efectos como brillante en su concepción. Las famosas Torres Gemelas de Nueva York se desplomaron luego de que dos aviones impactaran de lleno contra ellas, mientras que otra nave hacía lo propio contra el Pentágono, y una cuarta no cumplía con su cometido de impactar sobre el Capitolio o la Casa Blanca y terminaba siendo derribada. El mundo pasaba a tener en claro que Estados Unidos era vulnerable en su propio territorio. Esa era la noticia detrás de la noticia.
Qué había pasado fue y es motivo de múltiples teorías. La mayoritaria es que un grupo terrorista islámico, Al Qaeda, manifestó con toda su fuerza el rechazo y el odio a la cultura occidental, y a su máximo exponente, en el patio de su casa. Osama Bin Laden, cerebro de aquellos ataques, se atribuyó el ataque en venganza por la sangre islámica derramada por las sucesivas intervenciones de Estados Unidos en Medio Oriente. Sin embargo, las teorías conspirativas estuvieron y están a la orden del día.
A partir de allí, Estados Unidos comenzó a implementar una cacería de los responsables, que le permitió 10 años después asesinar a Bin Laden. En el medio y como parte de aquel operativo, se invadió Irak y Afganistán, por entonces conducidos por Saddam Hussein y por el Taliban protector de Bin Laden, asesinado y derrocados, respectivamente.
Desde aquel 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos pasó de ser la máxima e indiscutible potencia económica y militar mundial, a decaer en su liderazgo. El mundo bipolar de la Guerra Fría había terminado entre 1989 y 1991, con la caída del muro de Berlín y la implosión del régimen soviético, respectivamente, dando lugar al inicio de la hegemonía absoluta de Estados Unidos. Pero probablemente este brutal atentado haya sido el punto de inflexión, que empezó a poner fin a dicha hegemonía indiscutida de 10 años, mostrando vulnerable a la potencia, y abriendo una nueva era, con un liderazgo estadounidense progresivamente discutido, y que muestra hoy a China como la gran contracara de ese poder, en particular a nivel económico.
Hoy, 20 años después, aquel Taliban, que en su momento dio cobijo a Bin Laden, acaba de tomar el poder en Afganistán luego de la abrupta salida de Estados Unidos del país, poniendo fin a dos décadas de intervención poco exitosa en la región. Como si el tiempo no hubiera pasado. Las torres cayeron y Estados Unidos cazó a Bin Laden. Pero en estos 20 años Estados Unidos (y Occidente), no lograron resolver la situación que motivó estos ataques. Básicamente, porque muy probablemente no tenga solución y quizá el único camino a seguir sea convivir de la mejor manera posible con ella. Estados Unidos hoy debe enfrentar la misma amenaza de hace 20 años, pero con un liderazgo discutido, con una situación económica más frágil que la de entonces y con el enemigo al que quiso eliminar, más vivo que nunca.
Si bien el mundo ha cambiado y progresado en muchos aspectos, el régimen Taliban parecería estar igual que hace 20 años, aunque fortalecido, y hoy vuelve a protagonizar la agenda internacional. ¿Podrá cobijar a nuevos Bin Laden? ¿Será ISIS el nuevo Al Qaeda? El tiempo lo dirá. Lo que queda claro es que, en materia de seguridad, estos 20 años sirvieron de poco y nada, y que el mundo es tan vulnerable como entonces o más. Con otros nombres y protagonistas, en esencia, todo sigue igual. ¿Todo puede volver a empezar? Quizá, ya empezó.

