Ayer comenzó en el Senado de los Estados Unidos el segundo juicio político de Donald Trump. Por 56 a 44 votos la Cámara alta rechazó el alegato de inconstitucionalidad y decidió proseguir con el juicio contra el expresidente. Hace un año, la misma cámara lo absolvió de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso. Ahora, el Senado procederá a decidir si lo condena por incitación a la insurrección dados los sucesos del pasado 6 de enero en el Capitolio.
El primer día del juicio se limitó a debatir la constitucionalidad del juicio en la medida en que Trump ya ha dejado el cargo. Cuatro fueron las horas en las que los congresistas intercambiaron posiciones antes de votar en rechazo al argumento de inconstitucionalidad. Solamente seis senadores republicanos se unieron a los 50 demócratas que integran la cámara. De este modo, el resto del juicio se vislumbra cuesta arriba para el oficialismo. La ley estadounidense estipula que se necesita una mayoría cualificada de dos tercios para concretar el impeachment. Ello significa que los demócratas deberán convencer a 17 senadores del GOP.
El escenario ha cambiado desde el último juicio. Ahora, Mitch McConnell, líder de la mayoría durante más de un lustro, ha perdido grandes cuotas de poder. Con el voto de desempate en manos de la vicepresidente Harris, los demócratas tienen la ventaja. El clima en los alrededores del edificio del Capitolio también es diferente: soldados, vallas y alambrados constituyen un recordatorio del peligro latente del extremismo.
Los congresistas demócratas sostienen que la validez del juicio yace en el hecho de que la Cámara de Representantes aprobó el impeachment el 13 de enero, cuando Trump aún ocupaba la Casa Blanca. Así, el artículo fue remitido al Senado para que éste procediera con el juicio de destitución. No obstante, desde el 20 de enero ya no hay a quien destituir. A pesar de ello, la Constitución estadounidense establece que la Cámara alta está facultada para impedir que funcionarios condenados vuelvan a ocupar cargos públicos.
Descartada la inconstitucionalidad, la defensa de Trump aún cuenta con dos argumentos. Por un lado, apostarán al ejercicio de la libertad de expresión en lo que respecta al discurso proclamado por el entonces presidente en el que instó a sus seguidores a pelear en el Capitolio. Por otra parte, podrán elegir desestimar el juicio acusando a los demócratas de orquestar un circo político.
Mientras tanto, el presidente Biden ha optado por alejarse del proceso, no hacer declaraciones públicas sobre su postura y dedicarse a las tareas que le competen al Jefe de Estado.

