Una de las preguntas que nos dispara la pandemia es cómo harán los países de América del Sur para reponerse, considerando no solo sus consecuencias sino también los desafíos previos que ya tenía la región. Sin dudas, el vínculo entre Argentina y Brasil será determinante en esa recuperación. Por eso conversamos con Gustavo Segré, analista internacional, especialista en economía y política de Brasil. ¿Puede funcionar el vínculo entre ambos países a pesar de las diferencias ideológicas? ¿Vive hoy la región una oleada electoral de izquierda que puede afectar a Bolsonaro? También hicimos un rápido vuelo por el mundo en plena pandemia y, como siempre en esta sección, analizamos la situación de Venezuela.
¿Cómo ves el mundo en cuanto a posicionamientos internacionales? ¿Cómo pensás que están quedando parados los países luego de este primer año de pandemia?
Trato de ejemplificar imaginando buzos en el océano, cada uno representando a un país diferente. En la pre pandemia, China ya estaba flotando, Estados Unidos muy próximo a la línea de flotación, Europa con altibajos, no podría haber solo un buzo para Europa. Del lado de América del Sur, Uruguay y Paraguay en la línea de flotación, Brasil tratando de llegar a la superficie, y Argentina nadando para abajo. Cuando llega la pandemia, a cada buceador se le coloca una piedra, que lo tira hacia abajo. Como el buceador de China ya estaba en la superficie, baja un poquito pero luego nuevamente resurge. La caída de su economía no tiene un impacto tan grande como en otros lugares. En el caso de Europa, con una fuerte caída de la actividad económica, el impacto de la piedra fue mayor, como en América Latina.
Cuando uno analiza la situación de la pandemia, hay varias situaciones que independen de la cuarentena. Económicamente hablando, impacta de diversas formas por las variables que cada uno de estos países tenía pre pandemia: reservas internacionales, financiación, disponibilidad de recursos, tasa de interés. No es lo mismo un problema económico en un país que tiene buenos indicadores económicos que en uno que tiene todos los indicadores dados vuelta.
¿Vos pensás que el peso ideológico de los gobiernos determinó la forma de gestionar la pandemia?
Sin ninguna duda, la ideología se antepone a la imposición de medidas para controlar una situación como esta. Pero la pandemia nos colocó en una realidad en la que tanto los populistas de izquierda como los de derecha, confluyen más al centro. Eso yo lo denominé “La teoría del violinista”, no podés tocar el violín con una mano sola. La pandemia mostró que aún los extremos ideológicos debían considerar la otra mano. Países más de derecha apelaron a la ayuda social. Y por el otro lado, países de corte más de izquierda, deberían haber tenido mayor equilibrio fiscal y ajuste del gasto público, que no lo hicieron.
¿Bolsonaro no se enamoró de la ayuda social, a pesar de su perfil más de derecha? ¿Puede ser que a partir de eso haya descubierto un nuevo perfil a explotar, considerando las próximas elecciones?
No, porque en la economía de Brasil manda Paulo Guedes. De hecho, esa ayuda se terminó, no hay más, y los últimos meses fue la mitad del valor. Esto porque se entendió que esa ayuda no salía de un barril sin fondo.
Era necesario un ajuste del estado. En Brasil, el déficit fiscal de 2020 estaba previsto en 20.000 millones de dólares, pero terminaron siendo 120.000. Brasil no emitió para cubrir esa diferencia, sí apeló a las reservas internacionales, que solo con la devaluación del real generaban la financiación para atender las necesidades de la pandemia. De hecho, electoralmente es peor, porque Bolsonaro dio una ayuda que luego cortó, no se mantiene como una política de estado.
Analizando un poco la situación de Estados Unidos. ¿Pensás que hay algo rescatable de la gestión de Trump? Porque pareciera que todo lo que tiene que ver con su gestión es negativo.
Eso es culpa de Trump, porque lo que se recuerda son los tuits y las peleas con los periodistas. Es como sucede con Bolsonaro, que es un Trump sin plata. Trump podría haber hecho una excelente gestión. Hizo cosas muy interesantes: retomó la cuestión industrial, le dio un crecimiento a la bolsa de valores como nunca se había visto, generó un contexto económico muy interesante. Nunca lo sabremos, pero si no hubiera estado la pandemia, probablemente la economía de Estados Unidos hubiera tenido un momento de apogeo increíble en 2020, y Trump probablemente hubiera sido reelecto. Yo creo que el problema estuvo en cómo los estadounidenses observaron que Trump dio la lucha contra el coronavirus, que fue minimizando la pandemia, instando a no usar barbijo, y eso para quienes se vieron directamente afectados, es una displicencia muy grande. Y eso fue lo que repercutió electoralmente.
Biden, desde el inicio de su gestión, se mostró mucho más proclive al multilateralismo, y a la negociación en el campo internacional. ¿Cómo pensás que Rusia y China están leyendo a Biden? ¿Pensás que pueden estar celebrando que él sea el presidente y no Trump, justamente por no tener que estar permanentemente en conflicto públicamente y ser Biden una figura más permisiva?
Sí, es mucho más contemplativo. Debemos recordar que la izquierda demócrata de Estados Unidos está muy a la derecha de las izquierdas que nosotros conocemos en América Latina. Para un escenario de pandemia, Biden es mucho más apto para entablar y recomponer relaciones internacionales. Trump era todo confrontación, Biden no tiene ese estilo. Seguramente Biden va a ser mucho mejor para este momento de la humanidad.
¿Cuáles creés que deberían ser las herramientas diplomáticas y de gestión que puede usar América del Sur para afrontar esta situación? Sobre todo, considerando la relación compleja que tienen hoy los dos principales países, Argentina y Brasil.
Va a depender especialmente de Argentina. Analizando el MERCOSUR, Uruguay y Brasil
están alineados en la apertura económica, en disminuir los aranceles de importación extrazona para reducir el costo de insumos del exterior. Argentina ideológicamente está mirando para otro lado y sus indicadores económicos no acompañan. Con realidades tan diferentes, es probable que Argentina no tenga la posibilidad de abrir su economía y que deba protegerse cada vez más, con todo el daño que eso implica, más allá de su posición ideológica, que por supuesto se suma a esa situación económica.
Entonces las asimetrías económicas son decisivas para la relación entre Argentina y Brasil, más allá de la vinculación entre Fernández y Bolsonaro, que están distanciados ideológicamente.
Ambos presidentes son inquilinos del poder. No se puede configurar que la relación entre los países es mala. La relación es buena, sobre todo porque el comercio entre los países se hace entre privados. Los países solo generan las condiciones para que se dé ese intercambio. Entre Brasil y Argentina hay una gran potencialidad. Brasil debe crecer entre 3 y 3,5 %. Hay que aprovechar. La recomendación sería “no te pelees, no precisás ser amigo, solo no te pelees”.
¿Cómo pensás que puede impactar en la realidad política de Brasil el triunfo de opciones de izquierda en otros países de la región? ¿Cómo ves a Bolsonaro y cómo al PT?
No lo tomaría como un efecto manada en la región, aunque claramente hay una tendencia a la izquierda en determinados países que tuvieron una concentración ideológica de izquierda y que en algún momento colocaron a una figura alterna para tratar de retirar sobre todo cuestiones de corrupción.
En el caso brasilero, salvo un milagro, no la veo a la izquierda en condiciones de recuperar el poder. Lo digo por los indicadores económicos. Porque en Brasil, a pesar de que Bolsonaro se pelea con todo el mundo, lo que cuenta es si a fin de mes tengo plata en el bolsillo. Brasil hoy tiene una condición económica muy buena, 18 millones de personas en clase alta, 113 millones en clase media, una pobreza del 12%. Esto claramente impacta en la cuestión electoral.
Si hoy tuviera que sacar una foto electoral, lo veo más a Bolsonaro peleando una segunda vuelta con João Doria del PSDB, que es centro derecha, que con la izquierda, más allá del caudal de votos fijos que tiene la izquierda. Lula ya ha perdido totalmente la relevancia política. Y encima ya ha designado como candidato para 2022 a Fernando Haddad, que por su condición de académico no representa a gran parte de una izquierda empobrecida. Hoy lo veo a Bolsonaro ganando en segunda vuelta contra João Doria.
Para cerrar, Venezuela. ¿Hay salida? ¿Cuánta responsabilidad hay en la región por no encontrar una solución a la triste situación que vive el país?
Creo que hay responsabilidad por supuesto, en toda la región y en el mundo. El problema es que las condiciones no están dadas para que se dé una solución sin la salida de Maduro. Si no sale Maduro del poder, yo creo que Venezuela es un camino sin retorno. Es una Cuba con un potencial enorme debajo de su tierra, por el petróleo. Pero cuando el barril de petróleo empezó a bajar, se quedó sin recursos. Y no se hace populismo sin recursos. El caso venezolano es de una extrema gravedad. Maduro no tiene nada para perder, y por ende no creo que vaya a dejar el poder.
GUSTAVO SEGRÉ es Socio de Segré y Asociados, analista internacional y conferencista. Actualmente es Corresponsal en Brasil de La Nacion +.

