En febrero pasado, las elecciones en Irlanda mostraron a las claras el ascenso del partido Sinn Féin -considerado el brazo político del IRA- ante los partidos tradicionales que se han repartido el poder durante los últimos diez años. En consecuencia, el Fianna Fáil y el Fine Gael recurrieron a la conformación de una alianza que también incluye a los Verdes a fin de asegurarse el control del Gobierno irlandés.
El pacto, que aún depende de la aprobación por parte de las bases de los tres partidos, establece que Micheál Martin -líder del Fianna Fáil- asumirá el mando del Poder Ejecutivo para luego ser reemplazado por el actual Primer Ministro, Leo Varadkar (Fine Gael). Dado que los resultados electorales expresan un rechazo hacia la política tradicional y que los dos partidos principales necesitan del apoyo de los Verdes, éstos han decidido incluir parte de las iniciativas de progreso y reforma propuestas por Sinn Féin y otros partidos de izquierda.
Los puntos centrales del acuerdo titulado “Nuestro Futuro Compartido” giran en torno a la construcción de viviendas sociales, el desarrollo del transporte público, la financiación de nueva infraestructura, y la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. A su vez, los Verdes han solicitado que se incluya la suspensión y prohibición de las exploraciones para la explotación de gas en las costas irlandesas. También han planteado la voluntad de crear un Fondo de Recuperación en el marco de las ayudas implementadas a nivel de la Unión Europea.
En Irlanda, como en otras partes del mundo, los partidos contestatarios de la política tradicional continúan en ascenso. Ante este escenario, los partidos con más trayectoria se han visto obligados a acercar posiciones para poder asegurar su supervivencia. Resta analizar si ello ha conducido a cambios efectivos en las políticas en el sentido de los reclamos y demandas elevados por la sociedad al momento de ir a las urnas.

