El día de ayer, la televisión bielorrusa transmitió la ceremonia de investidura de Aleksandr Lukashenko como presidente. La toma de posesión sorprendió a la población, que aún se manifiesta contra los resultados de las últimas elecciones y pide por la renuncia del presidente tras 26 años en el poder.
Los líderes de la oposición rechazaron la legitimidad de la ceremonia. En este sentido, Svetlana Tijanóvskaya afirmó que la investidura fue una farsa. Siendo la única candidata opositora afirmó que, ante el fraude ocurrido en los comicios, ella es la legítima presidente del país.
La oleada de protestas en todo el país se mantiene a pesar de la presión del régimen. Quienes integran el consejo de coordinación de la oposición están encarcelados o han partido al exilio. La única que ha escapado de un castigo es Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura.
Ante este escenario, el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, afirmó que la investidura del mandatario no tiene ninguna legitimidad democrática. Así, Bruselas decidió no reconocer a Lukashenko como legítimo presidente de Bielorrusia en la medida en que tampoco reconocen los resultados fraudulentos de las elecciones celebradas el pasado 9 de agosto.
Los países de la UE esperan debatir cuanto antes las posibles sanciones a miembros del Gobierno acusados de ser responsables de la violencia contra los manifestantes y el fraude de los comicios. Asimismo, estará en la agenda determinar si el propio Lukashenko debe integrar la lista de sancionados.
El encargado de la diplomacia comunitaria insistió en el derecho de los bielorrusos a elegir a sus líderes de forma libre y justa. En esta misma línea, aseguró que la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa está a disposición de Bielorrusia para supervisar un eventual nuevo proceso electoral. El comunicado de Bruselas también instó a Minsk a poner fin a la represión y la violencia y, también, a la liberación de los detenidos en el marco de las protestas.
La UE ha endurecido su posición sobre Bielorrusia de forma proporcional al acercamiento de Lukashenko al Kremlin. El apoyo de Rusia resulta clave para el mandatario en un contexto en que no podrá encontrar socios en el resto de Europa. Es de esperar que la entente europea París-Berlín, buscará fortalecer la autoridad de la UE ante la falta de garantía de derechos políticos y civiles así como también ante la consolidación de la influencia rusa sobre Minsk.

