Lukashenko se aferra al poder mientras continúan las protestas en Bielorrusia

Desde las elecciones del 9 de agosto, en las que la victoria de Lukashenko se vio envuelta en sospechas de fraude, la ciudadanía bielorrusa ha tomado las calles para exigir la salida del presidente y la celebración de nuevas elecciones. Ante la continuidad de las masivas protestas, Alexandr Lukashenko habilitó el uso de la fuerza por parte de la Policía y él mismo se ha mostrado armado y portando un chaleco antibalas en su residencia.

El mandatario de 65 años llegó al poder en 1994. Este año se enfrentaba a Svetlana Tijanovskaya en las elecciones presidenciales, quien había logrado cosechar el apoyo de toda la oposición. No obstante, el anuncio de una victoria oficialista con el 80% de los votos condujo a la población a protestar en todo el país. Por su parte, el presidente ordenó la represión de las manifestaciones. En tanto, Tijanovskaya huyó del país junto a sus colaboradores ante la posibilidad de ser arrestados.

Las imágenes de Minsk recuerdan a las de Kiev en 2014, pero el reclamo es diferente: hace seis años las manifestaciones en Ucrania eran de carácter europeísta, en Bielorrusia el reclamo es nacional. No hay demandas de ingreso a la OTAN ni tampoco a la Unión Europea. Tampoco se trata de un rechazo hacia los vínculos con Moscú. Las protestas expresan únicamente un pedido de efectiva democracia. Pero tras casi veinte días, hay quienes consideran que las demostraciones pacíficas no son suficientes para forzar la dimisión de Lukashenko.

La comunidad internacional -particularmente Bruselas- ha instado a Lukashenko a dialogar a fin de encontrar una salida pacífica. Sin embargo, el presidente bielorruso permanece firme en su postura. Asimismo, el pedido de ayuda al Kremlin realizado la semana pasada parece haberle dado un nuevo aliento en la puja por conservar la presidencia. De cualquier manera, el futuro de Lukashenko seguirá en duda mientras la ciudadanía continúe en las calles.

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