Por primera vez en la historia de Colombia, un presidente de izquierda gobierna el país. Pero la situación sin precedentes no termina allí: Gustavo Petro también es un ex guerrillero cuya vicepresidenta -Francia Márquez- es una mujer afrocolombiana proveniente de los sectores vulnerables. En el acto de toma de posesión, Petro declaró que asistimos a un nuevo comienzo para Colombia, y que su llegada al poder constituye una segunda oportunidad para todos los colombianos.
El domingo 7 de agosto adquirió este fin de semana un nuevo valor simbólico al igual que otras fechas vinculadas a hitos del pasado. Algunas de ellas son el 28 de abril -vinculado al paro nacional que derivó en el estallido social de 2021-; el 10 de mayo -fecha en que cayó la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla en 1957-; y el 26 de septiembre -día de la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC, en 2016-. En este marco, Petro y Márquez hicieron de su llegada a la Casa de Nariño una fiesta popular. La celebración incluyó una variedad de eventos culturales en plazas y calles en el centro histórico de Bogotá. El día antes del acto protocolar, Petro participó de una toma de posesión simbólica, acompañado por movimientos populares e indígenas.
El flamante presidente de Colombia anunció que buscará lograr la paz total en un país atravesado por décadas de violencia y actividad guerrillera. Petro adelantó que procura avanzar en el diálogo con el Ejército de Liberación Nacional. Extintas las FARC, el ELN es el último grupo paramilitar aún activo. A su vez, Petro deberá encontrar una respuesta al desafío que suponen otros grupos criminales -como el Clan del Golfo- y las organizaciones vinculadas al narcotráfico.
Otras reformas propuestas por Gustavo Petro incluyen la política tributaria, el sistema de salud, las pensiones, los contratos de trabajo, el sistema agrario, y el sistema educativo. Así, los cambios aparecen como el estandarte del plan de gobierno izquierdista. A ello se suman otros desafíos de carácter más global, como la necesidad de modernizar el Estado y acelerar la transición energética hacia fuentes renovables. Esto último requiere, también, fomentar una reconversión de la matriz productiva colombiana, hoy muy dependiente de las exportaciones de hidrocarburos.
Quizás el desafío mayor sea contar con el respaldo del Congreso, donde Petro no cuenta con una mayoría. En este contexto, el presidente reunió a figuras externas a la izquierda para contar con políticos de distintos sectores en posiciones clave del Gobierno. El éxito de su estrategia podrá comprobarse a medida que los proyectos de reforma avancen en el proceso de tratamiento legislativo. En paralelo podrá ir tomando forma la Colombia fuerte, justa y unida a la que aspira su nuevo presidente.

