Por Damián Szvalb
A un mes de asumir, el laborista Keir Starmer está atravesando su primera gran crisis. De cómo la gestione y la resuelva podría depender el futuro de su gobierno. Una feroz ola de disturbios racistas y xenófobos, los peores en más de una década, se desató por todo el país luego de que el 30 de julio un británico, hijo de inmigrantes, asesinara a cuchilladas de tres niñas en la localidad costera de Southport.
Durante una semana, varias ciudades en Reino Unido fueron escenario de violentos disturbios encabezados por grupos de extrema derecha que atacaron mezquitas, bibliotecas, organizaciones no gubernamentales y hoteles donde se alojan los refugiados, mientras lanzaban mensajes antiinmigrantes e islamofóbicos. Se organizaron sobre todo por un canal encriptado de Telegram, por X o Facebook.
Es allí, en las redes sociales, es donde el gobierno de Starmer cree que hay que actuar con firmeza para desactivar la violenta crisis. La ministra de Interior, Yvette Cooper, dijo que hay un «obvio» problema en torno a las redes sociales que, según ella, impulsan la desinformación y a los organizadores de esta violencia.
Por su parte, la Fiscalía de la Corona está considerando la solicitud de extradición de influencers de redes sociales que supuestamente están jugando un papel en los desórdenes violentos desde el extranjero. Según la BBC, desde la Fiscalía advirtieron que cualquiera que estuviera vinculado a la violencia enfrentaría los cargos penales más severos, incluyendo el de terrorismo.
Starmer heredó un país fracturado política y económicamente, con un clima de odio que viene creciendo en el Reino Unido desde hace por lo menos 10 años. Como en los tiempos del Brexit, la desinformación, es lo que alimenta el odio: en este caso sobre el ataque en Southport, se decía, falsamente, que el sospechoso era un refugiado musulmán que llegó al país de forma ilegal en un bote. Y también como en el Brexit, esta campaña de miedo y mentiras es sostenida desde arriba. Por ejemplo, Elon Musk, dueño de X, dijo que el Reino Unido estabas “al borde de una guerra civil”. Lo hizo en respuesta a un video que mostraba pequeños incendios en las calles, fuegos artificiales y violentos enfrentándose con la policía.
Por su parte, el político extremista Nigel Farage, a quien no le fue mal en las últimas elecciones, no para de publicar vídeos en las redes sociales sugiriendo que la policía había ocultado información sobre el asesinato de las niñas de Southport.
Para tratar se superar la crisis, Starmer sigue pidiéndole a la policía que se mantenga «en estado de alerta máxima» para «garantizar la seguridad». Ya había puesto en marcha, para contener la crisis, a una fuerza de respuesta rápida, con 6000 agentes antidisturbios. Casi 600 personas han sido detenidas y unas 150 fueron imputadas hasta ahora. El primer ministro prometió esta semana condenas «rápidas».
Starmer deberá dar una muestra de firmeza para, primero, terminar con esta crisis y, después, mucho más difícil, atacar en profundidad el origen de los discursos de odio que inundan el discurso público y las redes sociales y que en el Reino Unido ya llegaron a la calle de la peor manera: con violencia y destrucción.
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