Trump y su misión imposible: lograr la paz entre israelíes y palestinos

Por Martín De Nicola.

Como casi todos los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump sueña con que su mandato quede marcado por haber logrado un acuerdo definitivo entre israelíes y palestinos. Clinton, Bush hijo y Obama, para tomar los ejemplos más cercanos, cada uno a su manera, lo intentaron. Los tres fracasaron.

No parece haber demasiados elementos para sostener que Trump sí pueda tenga éxito. Su política en relación a ese conflicto ha sido bastante explicita: mucho para un lado y nada para el otro. Sin embargo, esto puede ser su fortaleza.

Según la prensa israelí, hay un equipo encabezado por el yerno de Trump y asesor presidencial para Medio Oriente, Jared Kushner, y por el enviado especial Jason Greenblatt, perfilando los detalles del plan. Trump sueña con un “acuerdo de paz definitivo” pero no será fácil. Hace una semana dijo que Israel iba a “tener que pagar un precio más alto” en las futuras negociaciones por haber recibido el «favor» de trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalem. En cambio, a los palestinos les prometió que iban a recibir “algo muy bueno porque es su turno”.

Pero los palestinos creen imposible que una propuesta que venga de esta administración estadounidense puede ser buena para ellos. Se basan en los antecedentes (sobre todo el traslado de la Embajada a Jerusalén): desde diciembre, los dirigentes de la Autoridad Palestina llevan adelante un boicot diplomático a Washington.

Abbas no quiere saber nada con Trump y espera que en 2020 salga de la Casa Blanca. La pregunta es si soportará las presiones, sobre todo las económicas: hace unos días, Estados Unidos anunció un recorte de fondos por más de 200 millones de dólares a sus programas de ayuda humanitaria para Gaza y Cisjordania.

En Israel también están preocupados por lo que dijo Trump y porque cualquier acuerdo, por bueno que sea, implicaría concesiones, algo que Bibi Netanyahu no puede aceptar si quiere seguir gobernando: su coalición se rompería y hasta su situación judicial podría complicarse. Bibi recuerda que investigaciones judiciales sobre Sharon y Olmert se profundizaron cuando estos ex primer ministros demostraron voluntad concreta en avanzar en un acuerdo con los palestinos. Así es la política.

Según versiones periodísticas el plan de paz de Trump buscaría implicar directamente a los países árabes moderados, que están alineados con las políticas de Estados Unidos e Israel con respecto a Irán: ninguno lo quiere. Además, un acuerdo entre israelíes y palestinos, validado por estos países árabes, ayudaría a normalizar y blanquear las buenas relaciones que Israel y Arabia Saudita mantienen ocultas.

Algunos piensan que Trump podría presentar este plan en septiembre, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Otros creen que será después de las elecciones de noviembre, cuando Trump tenga un panorama más claro sobre su futuro: sabrá si está más cerca del impeachment o de la reelección.

Teniendo en cuenta la historia reciente y el actual contexto, esta propuesta parece condenada al fracaso ya antes de hacerse pública. Sin embargo, hay algo que diferencia a este intento de los anteriores: el presidente de Estados Unidos es Donald Trump, y todo puede pasar.

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